Julyanix Ramírez Paulino

Financista

 

 

“A una dura necesidad, se acomodan la voluntad y el capricho”.  (Johann Wolfgang Von Goethe)

Estos son dos términos que los compradores suelen confundir a diario e incluso pensar que son similares. En cambio estos son antónimos, por lo que su esencia les permite proporcionar funciones distintas.

Necesidad. Como su nombre lo indica, es lo necesario, fundamental o vital, ya sea para subsistir o para sobrellevar el día a día; en pocas palabras, es una carencia de algo. Se consideran como necesidades: la alimentación, la higiene y hasta el descanso. De igual forma si se plasma en un escenario más profundo, este será todo aquello que no muestre superfluidad, y que es relevante para algo o para una acción.

Capricho. Este término se emplea en el lenguaje cotidiano, indicando algo que se adquiere (compra) o se tiene por gusto, por deseo o por placer, mas no por necesidad.

A partir de la falta de diferenciación entre ambos conceptos, pues inician los “gastos innecesarios”, esos que el comprador entiende que son necesarios para la compra, sin embargo no realizan la función de necesidad, sino de un capricho. Aquí yace la importancia de saber delimitar y sobre todo, priorizar. Luego de que el comprador tenga la capacidad de discernir y decir: “No, ahora mismo esto no representa una necesidad, aún puedo esperar y no lo compraré.”, justo esa acción tendrá como resultado la mejora en las finanzas personales, específicamente en la reducción de los gastos variables (no fijos).

 

 

 

 

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