Julyanix Ramírez Paulino
Financista

 

“Al que una vez perdió el crédito, nada le queda que perder”.  (Séneca)

El dinero plástico más utilizado actualmente es la tarjeta de crédito. Este es uno de los productos financieros que ofrecen las entidades bancarias, pero también es uno de los más temidos por los primerizos y el que siempre representa una cifra significativa en las cuentas por pagar del tarjetahabiente.

Primeramente, ¿Qué es una tarjeta de crédito? Es un instrumento financiero, particularmente un plástico que representa efectivo, en el que la entidad bancaria pone a disposición del usuario una cantidad de dinero determinada. El tarjetahabiente, quien utiliza el dinero prestado por un período, debe tener presente los principales elementos de este plástico.

Límite de crédito. Es la cifra con la que el tarjetahabiente dispone para realizar sus actividades bancarias.

Fecha de corte. Período en el que la entidad pone a disposición del tarjetahabiente una cifra equis, y a partir del cual transcurren los días hasta la fecha de pago.

Fecha de pago. Plazo cumplido en el que el tarjetahabiente debe devolver a la entidad bancaria el monto utilizado durante veintidós (22) días (este intervalo de tiempo dependerá de la política del banco).

¿Genera beneficios tener este plástico? Al poseer un instrumento financiero como este, automáticamente el tarjetahabiente es incorporado al sistema bancario, por ende se crea su historial crediticio. Este último, es de gran utilidad al momento de que el usuario esté interesado en concretar algún otro vínculo con la entidad financiera. También, es importante destacar que cada organización bancaria ofrece beneficios adicionales para los clientes, como millas para viajar, acumulación de puntos, descuentos en establecimientos, entre otros.

El talón de Aquiles de algunos usuarios está en el destino del dinero del que disponen, es decir el uso que le dan. Una estrategia inteligente a implementar es sincronizar el consumo de la tarjeta con cifras antes estimadas en el presupuesto personal. Esto indica que mientras el consumo no exceda ni los ingresos percibidos ni el límite de crédito, el usuario podrá  manejar idóneamente la tarjeta. Otras de las opciones están en utilizar el límite de crédito para inversiones, gastos fijos, emergencias personales o cualquier valor monetario asignado previamente en el presupuesto.

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